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OGOTÁ.– La prolongación de la guerra ruso-ucraniana será uno de los factores para observar, pues, al disminuir el suministro de gas natural a Europa, se ha incrementado el consumo de carbón, que contamina más. Una salida del conflicto sería una buena noticia desde el punto de vista humanitario y también ambiental. Pero no todos los augurios son malos. Un informe reciente reportó que la capa de ozono, cuyo agotamiento produjo una movilización global hace 30 años, se está recuperando y podría volver a su volumen normal en las próximas décadas. Es una demostración poderosa de la acción conjunta entre gobiernos, industria y consumidores.

Las esperanzas del mundo no deben cifrarse únicamente en la política, sino también en el progreso científico. Quizá un día se pueda obtener energía de la fusión de átomos. Y la energía nuclear tradicional de fisión, que tampoco emite gases de efecto invernadero, podría experimentar un resurgimiento. Se necesitan otros avances, en hidrógeno y tecnología de baterías, por ejemplo. El ambiente es la vida misma, incumbe y debe preocupar a todos.